Vivir proféticamente ordena el corazón

Podemos tener un deseo verdadero de escuchar a Dios, recibir una palabra, crecer en los dones y ser usados por Él y aun así necesitar que Dios sane el lugar desde donde estamos deseando todo eso. San Pablo nos recuerda que el conocimiento puede inflarnos, pero el amor edifica. Porque no todo deseo espiritual nace necesariamente de un corazón que ya descansa. Hoy en Café con Cristo queremos volver al lugar donde comienza una vida verdaderamente profética, la filiación. Antes de la palabra, el hijo. Antes del don, saber que somos conocidos y amados. Quizá Dios no quiere quitarte el deseo, quiere ordenarlo, para que ya no necesites una palabra para sentirte cerca de Él, ni ser usado para saber que eres amado. Porque cuando el corazón descansa en el Padre, los dones dejan de servir nuestra necesidad y comienzan realmente a servir a los demás.