Tu amén no es suficiente

Hay palabras de Dios que nos emocionan, nos hacen llorar y nos llevan a decir “Amén”. Pero hoy Jesús nos recuerda algo profundamente sencillo, “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 8,21). Porque la vida profética no termina cuando escuchas a Dios; comienza cuando lo que escuchaste empieza a tocar tus decisiones, tus relaciones, tus hábitos y tu manera de vivir. Y quizás nadie nos enseña esto mejor que María. Ella no solamente escuchó la Palabra; respondió, “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Hay una diferencia entre decir “Amén” y vivir “Hágase”. Hoy vamos a hablar de ese paso: cuando dejamos de pedir solamente que Dios nos hable y comenzamos a preguntarle: ¿qué necesita cambiar en mí porque Tú hablaste?